miércoles 25 de mayo de 2011

GLORIA POR CUENTA AJENA

Cada vez son más los aventureros, me niego a llamarlos alpinistas o montañeros, que se empeñan en conseguir la gloria por cuenta ajena, arriesgando en extremo la consecución de una cumbre.
La prueba más reciente la hemos vivido estos últimos días con la “VICTORIA” en el Lhotse y el posterior rescate, de la mayor parte de los vencedores en el descenso de la cumbre, a excepción de el más veterano de todos, un montañero como hay pocos.

Cuando entramos en una ascensor e iniciamos el viaje hacia nuestra cima lo hacemos con la seguridad de que cualquier problema que la detenga no comportará el más mínimo riesgo para nuestra integridad física, salvo contadas excepciones, y en un periodo de tiempo más corto o más largo nos rescatarán, esa tranquilidad nos permite utilizar una y otra vez ese medio de ascenso.
Eso mismo deben pensar una gran parte de los que afrontan alguna de la montañas más altas de la Tierra, aunque en este caso el rescate, con el que cuentan, pone en peligro a los que, sin comerlo ni beberlo, se lanzan en ayuda de los afectados.
La gran diferencia entre el que nos rescata del ascensor y los que lo hacen en las laderas de un 8.000, es que los primeros no se arriesgan mientras los segundos, normalmente las condiciones meteorológicas son en muchos casos adversas, ponen su vida en peligro a cada metro, llegando algunos a perder la vida, en su intento de ayudar incluso a desconocidos.
Cuando todo acabe cada uno seguirá su camino, el VENCEDOR vanagloriándose de su éxito e incluso  adjetivándose  como héroe y el que hizo posible que lo festeje siguiendo en un anonimato que personalmente quiero aplaudir.