“Si pillo a la coreana, le arranco la cabeza”, la frase pronunciada por el rey de los ochomiles el vasco Juanito Oiarzabal después de que se diera por muerte al mallorquín Tolo Calafat en el Annapurna, no hace más que resaltar la mediocridad como persona de un hombre que también afirmó cuando decidió que un sherpa de su equipo fuera en busca de Tolo “lo envió hacia la muerte”., frases que manchan de por vida su historial
No es muy difícil pensar que tanto la coreana Oh Eun Sun como los miembros de su grupo, que regresaban de la cumbre, no tuvieran fuerzas de volver sobre sus pasos.
Buscar culpables en terceros no es lo justo. Sin embargo Juanito no ha reconocido que, el gran error y posiblemente una de las causas que llevaron a la muerte de su compañero, fue la hora en la que alcanzaron la cumbre, mucho más tarde de lo prudentemente recomendable.
Decidir seguir en busca de la cima cuando el reloj nos dice que hay que bajar lleva, en muchos casos, a situaciones de las que se hace muy complicado salir.
La falta de luz y con ella la bajada de la temperatura son enemigos de los que, todos los himalayistas saben, se debe escapar.
En el mundo del montanismo siempre se ha considerado que una retirada a tiempo es una victoria y ese preciado y precioso lema el equipo de Oiarzabal no lo tuvo en cuenta y todo acabó como acabo con la desgraciada muerte de Tolo y el rescate en helicóptero de algunos miembros del equipo entre ellos la estrella “Juanito Oiarzabal”. Mientras unos eran sacados de la montaña por el aire, los sherpas de la expedición descendían a pìe, más confiados en su capacidad que en el cable del helicóptero
Lo ocurrido este mes en el Annapurna es una lección más de que la humildad y el respeto a la montaña son condiciones básicas para convivir con ellas.
Si a todo le añadimos las amenazas de Juanito a la coreana, de momento con la misma corona de reina de los ochomiles, como el vasco, la conclusión, para mi está muy clara: Juanito abandona el montañismo, el reinado ya nadie nunca te lo podrá quitar.